El tapete que comencé hace unas semanas ya luce, por fin, como centro de mesa en la salita, y creo que ha quedado bastante bonito. Lo he probado sobre un cojín y también queda chuli, así que tomo nota.

Ninguna de mis tres aficiones favoritas, leer, coser y andar en bici, pueden hacerse simultáneamente, así que toca repartirse. Ayer, antes de salir a dar un largo paseo por el parque del Oeste (¿sabías que tiene hasta un lago? ¡es precioso! y al lado de casa, en bici diez minutos), estuve trasteando con un ovillo, intentando aprender a hacer algo de ganchillo a través de la lectura a conciencia de las instrucciones que encontré en una número atrasado de “Crea con abalorios”. Es complicado aprender así, seguro que en cuanto me lo explique mi madre lo entenderé, pero también tiene su misterio intentar descifrar los patrones por mí misma, aunque tarde el triple. ¡Me atrevo con todo! Tengo un acerico, tengo un costurero, ¡no necesito más!.

Luego vino O a interesarse por mis labores y comenzó a reírse con unas carcajadas muy contagiosas, de estas que suenan JA JA JA, que parece que brotan del estómago y yo me reí con él sin poder preguntar que de qué se reía tanto, y cuando paró, va y suelta: “Qué cosas tan útiles aprendes: Recubre tus bolas“, este invierno me recubres las mías”.

Qué cierto y qué cursi es eso de que la felicidad es como las gafas, las tienes encima de las narices y no te das ni cuenta. Siempre hay un motivo para reír un rato, y algunos titulares lo ponen fácil, como esta portada del diario Alba que tenemos colgada en un corcho y que no sabemos porqué nos hace tanta gracia:

Está bien eso de que vayan juntos por la vida, mucho mejor que separaos, ni comparación. :)