Me había propuesto recordar lo que aprendí de pequeña en el manejo del ganchillo, y aplicarme en el aprendizaje del amigurumi, que es una técnica de origen japonés que consiste en tejer a crochet pequeños animales o muñecos. El punto que se utiliza es el punto bajo, el segundo que aprendes después de la cadeneta, y con un poco de atención y otro poco de paciencia consigues descifrar lo más complicado, los patrones.

Investigando por internet encontré blogs de crafts maravillosos de auténticas artistas como Rebusca que te gusta, we love crafts, misako mimoko y por supuesto, Chuculeta con ratón, y animada por sus preciosos trabajos, me decidí a aprender con lo que más a mano tenía, que lamentablemente no es mi madre, una artista de las agujas que vive en otra ciudad, sino los tutoriales. El que más me ha enseñado es el de la artista del amigurumi Cosas de Chu, un manual muy sencillo de seguir que además es precioso, la maquetación y el diseño son chulísimos y tienen un trabajo de la pera! ¡qué gente más maja hay por el mundo, claro que sí! Aquí su Curso básico de amigurumi. Si prefieres verlo en vídeos, puedes probar aquí, en la página de Gancho y agujas.

“En este punto” es donde aparto al resto de mis aficiones y con el empuje del principiante me embebo tejiendo hasta que no hay luz y me pican los ojos, tarde y noche, tejiendo y destejiendo hasta que consigo pieza a pieza esta cursilada de conejito que me tiene robado el corazón.

Embravecida con el resultado, un alegre conejito verde con ojos de gamba y sonrisa manga, desoigo al desaliento (y al resto de mis aficiones) y navego por internet hasta el desembarco en la página del patrón definitivo, el simpático gato de crafting japanese, cuya confección confirmaría si tengo paciencia para esto, o soy flor de un día. ¿Quieres saber cuál fue el resultado?

Vayamos por partes:

Cada miembro se teje por separado, se rellena de algodón o lana y se cosen al cuerpo. Recordé que de pequeña me ponían de súperbuen humor los saquitos de tela con lavanda dentro, por eso compré en la herboristería espliego seco para mezclarlo con el relleno y que el gatito oliera a campo. Estoy tan contenta con el resultado que pienso repetir para regalárselo a mis embarazadas más cercanas. El resultado es un muñeco más o menos bien tejido, pero sobre todo muy expresivo y tierno, porque creo que transmite la energía con la que lo he hecho.

Estos dos son los culpables de que hoy, no haya libro, ¡les perdonamos! A todos aquellos blogs que amablemente comparten sus tutoriales, fotos, patrones y trucos, ¡muchísimas gracias!