Hola compañeros del metal.

Que no haya escrito sobre libros de un tiempo a esta parte, no significa que no lea, sino que a la hora a la que llego a casa apenas hay luz, y las fotos salen bastante feitas, así que entended por favor que la calidad de ésta no sea la pera en rama. Vamos allá:

Libros

Algo nuevo: La importancia de las cosas, de Marta Rivera de la Cruz. Ed. Planeta.

Y tan nuevo, como que es una edición no venal (ejemplar que se publica no para ser vendido, sino que son pruebas sin corregir,como avance para prensa, por ejemplo, y que no cuenta en la tirada final). Lo poco que he leído de Marta Rivera de la Cruz me ha gustado bastante (recomiendo su colaboración en el libro “Historia secreta de la corporación” de 451 Editores), así que me he lanzado con éste. Apenas llevo 5o páginas y veo que se toma su tiempo para describir las situaciones, cosa que particularmente siempre me ha gustado. El prota recibe en herencia de una tía lejana un piso con inquilino y todo, y decide seguir en las mismas condiciones de arrendamiento con la única condición de no saber absolutamente nada de él. Un día el arrendatario se suicida y el prota tiene que ir a vaciar el piso y lo que allí se encuentra es…la novela. De momento va bien, ya os contaré.

Algo viejo: Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom. Ed. Maeva.

Este libro ha vendido ediciones mil en todo el mundo, es protagonista de innumerables clubes de lectura y en Estados Unidos un best seller, lo que significa pasta-gansa. El periodista deportivo Mitch Albom es un redactor de éxito y un día va y se acuerda de aquel profe que tanto le inspiró durante la carrera (rollo Club de los poetas muertos) y cuyas enseñanzas olvidó en cuanto se puso en modo profesional. Sin ánimo de ofender a nadie, este libro es una m pinchada en un palo, onda autoayuda en plan “no sólo la vida es un asco, sino que además te vas a morir como todo quisque, así que aprovecha el momento, no te enfades por nada que te vas a morir y se condescenciente con los demás que te vas a morir igualmente”. El mensaje del libro viene a ser “amigos, sed mejores personas que os vais a morir, por si no queda clarinete, la vida es corta y ¡te vas a morir!”. Lo que en otros labios sería poesía, en los de éste millonario es caspa. Como anécdota, contar que el autor hace pandi con Spilberg y Matt Groening y quedan para tocar jazz cuando tienen tiempo. Y encima da consejos, tócate la peineta.

Algo prestado: Buenos tiempos para la muerte, de Juanjo Sáez. Ed. Morsa.

Juanjo Sáez es un poco como la troupe Chanante, que si te hace gracia te hace mucha gracia y si no, es una chorrada como un piano. Como gracia me hace, pues el libro no está mal, es una reedición de un librito del 2000 que empezó como un proyecto de fin de máster de edición, y que permitió a la pequeña editorial Morsa seguir sacando títulos. El tipo ha mejorado en estos nueve años y ahora me gusta más, pero no está mal echarle un ojo a esta arqueología de su trabajo. Recomendado para lectores del Rock de Luxe, gafapastas barceloneses y editores wannabies.

Algo azul: Paraiso inhabitado, de Ana María Matute. Ed. Destino

Que te lo regalen, que te lo presten o cógelo de la biblioteca pública de tu barrio, es difícil que no te guste y no te lo quieras leer del tirón. La Matute es una maestra; reúne la sabiduría de una intelectual cuya vida se ha dedicado a las letras, y la capacidad de contar historias emocionantes de una abuelita. Su filosofía de “la vida es maravillosa, quien la fastidia son las personas”, es una declaración de intenciones que es inevitable hacer propia. La historia no la cuento, no por no destriparla, sino porque creo que descubrirla en la soledad de la lectura, enriquece aún más, si cabe, el libro. Para todos los lectores: culturetas y devoradores de súperventas.

En fin, que quien no lee, no sabe lo que se está perdiendo, el pobre.