Hola amiguitos,

Qué mal me siento por escribir tan poco, pero en fin. Los remordimientos no conducen a ninguna parte, yo tampoco conduzco, y conducir es un verbo cuya conjugación es totalmente irregular, como mi disciplina para escribir en este blog, voi-lá! qué bien hilado prima!

No, yo no llego a casa y me tumbo a rascarme el higo, yo llego a casa y no paro! tengo un poco apartadas las tareas de polaco y del that´s english porque he estado centrada en la producción de mi primera línea de bisutería fina y complementos chics, ¿cómo te has quedado?. Tarta diseñadora a lo Helena Rohner, dejándose la creatividad y las dioptrias en su primera colección a la venta, ni más ni menos que en el exclusivo mercado de invierno de Organyà, (Léase Urgañá? orgañá?), provincia de Lleida, en la comarca del Alt Urgell. Animada por N, la mamá de O, que ella sí es de verdad una artista, me decidí a mostrar al mundo mi arte con el alicate y bueno, no me fue mal! Vendí bastante teniendo en cuenta que eso era una feria de MAQUINARIA INDUSTRIAL PARA EL CAMPO y GÉNERO BOVINO Y PORCINO. Y allí estaba Tarta con sus cuentas de auténtico cristal de murano, azabache, cuarzo rosa y swarovsky, totalmente fuera de lugar, frente a un puesto de butifarras y quesos, vestida de Divina Providencia, clamando por un poquito de atención y sensibilidad. Así que con ese percal, cada vez que vendía algo, lo acompañaba de sendos besos en los carrillos, lágrimas de agradecimiento y contínuas genuflexiones. Debería mirarme lo de la baja autoestima.

Donde otros ven un problema yo veo una oportunidad, y como me decía mi madre por teléfono: “Tarta, no vender no es un fracaso, el estar ahí ya es un éxito, ánimo cariño”. Yo, con una mano sujetaba el móvil y con la otra acariciaba un caballito que también estaba a la venta. Pero ¿sabes lo que te digo? que vendí. Y que estoy muy orgullosa de ello.