Hoy al ir a clase he preferido bajar por Hortaleza, mucho más interesante y menos standard que su paralela, Fuencarral. Antes ahí había tiendas de ropa para guarris, bares grasa, pequeñas boutiques y zapaterias de abuelo, tenía su gracia. Ahora es todo escaparate de las mismas tiendas, la misma ropa, el mismo moderneo.
A lo que iba, bajando por Hortaleza nos hemos topado la una con la otra. Me he detenido en seco frente a ella y he cortado la conversación que estaba manteniendo por el móvil con O. He empujado la puerta de cristal señalándola: quiero probarme ESA camiseta. Al desdoblarla, me he abalanzado sobre la etiqueta del precio y al ver que éste estaba totalmente fuera de cualquier lógica de ahorro, he comprendido que o la compraba en menos de cinco minutos o jamás me gastaría esa pornográfica cantidad de dinero en una camiseta. Pero llevaba mi nombre escrito, era taaan Tarta…

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Aquí, leyendo comodamente, en esta sencilla pose.

Total, que la tienda es una cucada, un rinconcito de ropa, gadgets, medias, camisetas y kimonos japoneses, la dueña es una nipona para comérsela de linda y la verdad, creo que me merecía comprarme esa camiseta.
Para el cuadro plástico he contado con un libro hermoso y elemental en una biblioteca como el Berlín de Lou Reed en cd original.: El elogio de la sombra (Siruela), el ensayo más trascendente de uno de los más importantes novelistas de Japón, Junichiro Tanizaki. Es una hermosa reflexión sobre el poder sugestivo del claroscuro, del objeto ennegrecido, la penumbra, lo asimétrico, tan inherente a lo oriental, frente al gusto ansioso por el brillo, lo pulido, resplandeciente y armonioso en Occidente. Una preciosa lectura vestida de estilosa edición.