Cuando S. Petit viajó a Estocolmo tras llevar unos cuantos cursos de sueco a la espalda sólo por responder a un abstracto amor a lo sueco, la primera noche salió en plan copas a un club donde el nivel de perfección estaba un poco por encima de los límites de lo físicamente soportable, y sintió esa asfixiante y confusa sensación de no poder consentir tanta belleza. Tuvo que salir sólo a la calle, respirar profundamente, quitarse las gafas, frotarse los ojos, mirar al suelo. Comprendió que era víctima del “Síndrome de Stendhal”. Asumió que esa sensación sólo podría crecer y se dejó llevar esperando el momento dolorosamente perfecto, que llegó.

Él lo cuenta con un estilo mucho más literario. Con más estilo en general, pero la sensación es esa: Suecia nos pone.

Busquemos hoy el lado literario de todo esto: la prensa dice que novela negra sueca vive un momento de esplendor y hay una treintañera que publica en Maeva que me cae especialmente bien, Camilla Läckberg. Este verano vino a presentar su exitoso libro “La princesa de hielo” y ya me cayó en gracia, no sólo por ser sueca, divertida, ingeniosa y con estilo, sino que además porque estaba sorprendida de lo bien que le iba en el mundo de los libros y no ocultaba su sorpresa. Y se agradece esa falta de aires de grandeza.  En sus novelas, convive, entre otros personajes, su pueblo, Fjällbacka, que como una actualizada Vestusta, es también protagonista de sus series de asesinatos y muertes.
¿Por qué interesa aquí? ¡Porque su página web es lo más! porque tiene un estilazo cincuentero que me fascina, con ese tupé y esa piedra ensangrentada en la mano y porque en la sección “Fotos de mi pueblo” te puedes descargar las típicas postales con la iglesia, el puerto, la playa ¡y el muerto boca abajo! ¿no os parece fantástico?

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Y las postales. Estoy por hacer algo parecido en plan “Recuerdo de Burgos”
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