Animada por la preciosa portada y el sugerente título “El perfume del cardadamomo“, me decidí a leer este libro, escrito por Andrés Ibáñez y editado por Impedimenta. Me pinté los labios de rojo Marisa Paredes, y aproveché la luminosa tarde para gastarla leyendo, pero en cuanto empecé, me dí cuenta de que ese tipo de literatura de aroma “oriental” no está hecha para mí. La onda “y el monje preguntó al maestro, oh, ¿qué camino debo seguir para encontrar la senda” me da un poco igual.

Y metí una bolsa de palomitas en el microondas para comerlas en el sofá haciendo zapping por las cadenas más grasientas de la televisión, que son casi todas vamos.